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2º Formación en Terapia Gestalt. Recursos

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  1. BIENVENIDOS A ESTE CURSO

    MANUAL DEL ALUMNADO 2º VALENCIA
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    LA ENTREVISTA INICIAL EN PSICOTERAPIA
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  7. CONCIENCIA CORPORAL (II)
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  8. TRABAJO CON FAMILIAS
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  9. TRABAJO CON PAREJAS
    15 Temas
  10. GESTALT PARA NIÑ@S Y ADOLESCENTES
    10 Temas
  11. LA PSICOPATOLOGÍA DESDE LA TERAPIA GESTALT (I)
    9 Temas
  12. SUEÑOS, DUELOS Y FANTASÍAS (I)
    11 Temas
  13. TÉCNICAS EN TERAPIA GESTALT: PSICODRAMA FENOMENOLÓGICO
    13 Temas
  14. TÉCNICAS EN TERAPIA GESTALT: PROYECCIONES GRÁFICAS
    12 Temas
  15. SUEÑOS, DUELOS Y FANTASÍAS (II)
    10 Temas
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Para sostener de un modo suficiente el entramado teórico que la Terapia Gestalt va a ir desarrollando a partir de las ideas anteriores, es necesario plantear una base sólida sobre la que colocarse y ésta va a ser la llamada Teoría de Campo. [1]

“El contacto, la actividad que tiene como resultado la asimilación y el crecimiento, consiste en la formación de una figura de interés que se destaca contra un fondo o contexto del campo organismo – entorno”. [2]


6.1. Antecedentes

Esta teoría proviene de la Física, en la que actualmente está plenamente vigente. Pero al aplicarla a las Ciencias Sociales las cosas no están tan claras.

En la Física, un objeto situado en un campo, está sujeto a las leyes matemáticas, muy conocidas y experimentadas, que rigen la magnitud y la naturaleza de una determinada variable y sus efectos. El campo gravitatorio, el eléctrico y el electromagnético son ejemplos de estos campos físicos que durante mucho tiempo mostraron sus efectos “mágicos” sin que se pudieran explicar de un modo racional o mínimamente convincente. Ver como un objeto metálico se desplaza sin ayuda dentro de un campo magnético, debió de ser inquietante en un tiempo en el que se desconocían las leyes que explicaban tal fenómeno.

Del mismo modo resulta inquietante, por la misma insuficiencia en la explicación, observar los fenómenos de campo que se dan en la interacción humana, pero, por otra parte, son tan conocidos que a nadie extrañan la tensión que se “palpa” al entrar a una determinada reunión, la atracción que “se nota” en dos personas afines, la sensación de que “falta algo” en el relato de alguien, de que hay “algo” que no cuadra en una explicación, la emoción compartida en una situación social…

Las variables pueden resultar, para un físico, más abstractas de lo que él acostumbra no disponemos de modelos matemáticos que puedan predecir su efecto, es difícil o imposible aislar las diferentes partes del campo para estudiarlas con detalle, etc. pero podemos usarlas. De todos modos, esto no es un caso aislado de esta teoría, es todo un reto generar un paradigma para hacer ciencia con los fenómenos humanos que escapan de lo físico, de lo biológico, etc., que tienen un método y un modelo que son satisfactorios para las ciencias naturales, pero no para las ciencias humanas.

Con este fondo de la Física, Kurt Lewin desarrolló una mirada al individuo que incluía la noción de campo. Partiendo de un enfoque derivado de la Psicología Gestalt, Lewin planteó tomar en cuenta la totalidad de la situación en que se encuentra el individuo, planteando el concepto de “espacio vital”, más allá de una idea física para llegar a una visión psicológica. El campo psicológico es para Lewin un modo de explicación de como interaccionan las fuerzas de las influencias sociales y del propio individuo. El campo es dinámico, un conjunto de tensiones que están en continuo movimiento, cada grado de tensión en una situación dada, puede llegar a producir una nueva conducta y un nuevo equilibrio. Lewin introdujo muchos de los fundamentos para siguientes investigaciones, entre ellos: la idea de vectores o fuerzas psicológicas, las variables relevantes en un campo (Fuerza, Tensión, Necesidad), que la conducta se deduce de la totalidad de lo que existe en el campo, o que esas partes existentes en el campo dependen unas de otras. Las aportaciones de Lewin influyeron en otros autores [3], pero en especial aportó una base relevante a la Terapia Gestalt. [4]

Las aportaciones de W. James, considerado uno de los “padres” de la psicología, son muy conocidas y curiosamente vigentes a lo largo de toda la historia de psicología. En particular, podemos encontrar en su obra bases para una visión de campo.

¿Por qué nos aferramos de manera tan tenaz a esta idea de una conciencia sobreañadida a la existencia del contenido de las cosas? ¿Por qué la reclamamos tan fuertemente, de forma que aquel que la negase nos parecería más bien un bromista pesado antes que un pensador? ¿No es para salvar el hecho innegable de que el contenido de la experiencia no tiene solamente una existencia propia, inmanente e intrínseca, sino que cada parte de ese contenido contagiada por así decir, por sus vecinas, da cuenta de sí misma a otras, sale de alguna manera de sí, para ser conocida, y que así todo el campo de la experiencia sea transparente de parte a parte, constituido como un espacio lleno de espejos? [5]

Otro autor relevante para la teoría de la Terapia Gestalt, es G. H. Mead, un importante psicólogo social integrado dentro del pragmatismo americano, discípulo de J. Dewey y muy influyente en P. Goodman. Mead propuso la teoría de campo intentando fundar las ciencias sociales sobre bases científicas.

También el fenomenólogo A. Gurwitch realizó importantes aportaciones, en especial el núcleo de su teoría de la organización de la conciencia, en su texto sobre el Campo de conciencia:

…definamos el campo de la conciencia como la totalidad de los datos compresentes. Entendemos el término “compresencia” en un sentido amplio, ya que es nuestro propósito abarcar no sólo los datos que se experimentan en cuanto simultáneos sino también los que se experimentan simultáneamente, más no en cuanto simultáneos. Tomemos como ejemplo el caso de una nota musical que ya ha cesado de sonar, pero que todavía retenemos como lo que acaba de sonar. Esta nota, tal y cual la experimentamos ahora, pertenece al campo total de la conciencia en que vivimos en este momento. [6]


6.2. La Teoría de Campo en Terapia Gestalt

Con estos precedentes es fácil observar en el modelo de campo de la Terapia Gestalt un interés en incluir en el concepto la presencia del entorno físico, pero también del entorno social, y el propio organismo. Así, en la Terapia Gestalt, hablamos del campo organismo/entorno para referimos a todos los procesos que intervienen en la constitución de una experiencia humana.

Si miramos al organismo humano desde el punto de vista de la medicina, podemos explicar su funcionamiento a partir de mecanismos neuro-fisiológicos: caminos neuronales, receptores de determinados neurotransmisores, cambios en la regulación del equilibrio interno, respuestas a estímulos físico-químicos del exterior, mecanismos de atención, o de recuperación de recuerdos almacenados en las proteínas, etc. Todo ocurre en el organismo, principalmente en el cerebro. Esto conlleva que podamos aceptar la interacción con el medio, pero solo como un modo de incluir en el organismo nuevos materiales.

los eventos psicológicos se producen sólo cuando existe un tipo especial de transacción (o mutualidad) entre los animales y el “ambiente” del cual forman parte. [7]

Pero desde un punto de vista psicológico, o incluso sociológico, esa “transacción” o intercambio entre el animal y el ambiente es más compleja, tiene unas características peculiares. Así, en el lenguaje gestáltico, un organismo forma parte de un campo fenoménico (que produce fenómenos, captados por los sentidos). Un ejemplo sería el campo visual, pero también el campo producido por una interacción. Un campo relacional de influencias, una atmósfera colectiva, etc.

De nuevo enfatizamos esa “tercera parte” de la explicación que nos es menos asequible, pero que conforma la base misma de la teoría de campo. Estamos dotando de entidad a un concepto, el campo, todavía poco conocido y explicado.

Un organismo, desde la perspectiva de campo, influye y es influido por los objetos de su entorno, está aportando al mismo una serie de datos, y también incorpora de él información y materiales para su propio uso. Esto incluye a los objetos físicos que generan deseo o repulsión, otros seres vivos, otras personas que influyen en lo que nos pasa, la propia cultura y sus movimientos, etc. Pero también lo que la persona está viviendo como deseos o necesidades, sus expectativas, los pensamientos, así como las experiencias ya vividas, sus aprendizajes, otras experiencias que tienen algo que ver con la actual, o que han determinado respuestas antiguas a problemas como el actual. Todo esto está presente al encontrarse el organismo con un entorno complejo, del cual forma parte y es constituyente, además de todos los objetos a su alcance en ese entorno.


6.3. Perspectiva de Campo en la terapia

Al aplicar la perspectiva de campo a la situación terapéutica, tanto el terapeuta como el paciente son, a la vez, creadores y creados por ese encuentro. De manera que lo que, en un momento dado, puede sentir el paciente proviene de la situación, no sólo de sí mismo, y por tanto incluye la presencia, la acción y el organismo mismo del terapeuta. En estas condiciones no podemos decidir de antemano, qué es parte de la vida del paciente, qué elementos provienen de la experiencia o de la vida del terapeuta y qué puede estar influido por el ambiente en el que ambos están. Concluir cualquier cosa es una diferenciación prematura, y ese acto de indagación, en todo el campo, es el trabajo de los dos (no es el terapeuta el que investiga al paciente).

Una de las consecuencias de este planteamiento, es la necesidad de que el terapeuta que quiere trabajar con este enfoque, obtenga una formación adecuada sobre la posición de campo. Otra, la conveniencia de un trabajo supervisado o con espacios en los que compartir experiencias de campo.

No resulta nada fácil trabajar desde la perspectiva de campo en la psicoterapia porque llevamos muchos años de tradición filosófica (puede que toda la historia del pensamiento occidental) con una mirada intrapsíquica, individualista Atribuimos que lo que le ocurre a una persona se da en “su interior”, ya sea su alma, su mente, su cerebro…

Esto nos ayuda a ver el problema como algo externo, como perteneciente al otro, desconectada del observador, ajeno a su conducta o a su posible afectación. Nos ayuda a generar un pensamiento sobre el otro, a cosificar o tratar al otro como objeto. Así podemos generar protocolos de tratamiento para el paciente, diagnósticos compartidos con la comunidad científica, proponerle indagaciones, ejercicios para casa, etc.

Pero también es difícil porque la teoría de campo nos lleva a navegar en posiciones inciertas y a hacer equilibrios. Cuando miramos a la persona desde una perspectiva intrapsíquica o individualista, podemos estudiar qué ocurre en el organismo, tampoco es fácil, pero por lo menos es más concreto.

No todo son facilidades, hay problemas por esta forma de ver el mundo, por eso la Terapia Gestalt propone en esto una alternativa epistemológica y una metodología.

Por ejemplo, desde una mirada intrapsíquica, el terapeuta puede contribuir a crear una neurosis egótica: el terapeuta solicita excesivamente al paciente que responda desde su función Yo “qué sientes”, “qué piensas”, “qué eliges”, cuando la excitación o la necesidad puede estar en otra parte. El paciente es invitado a “mirarse” constantemente, para “tomar la responsabilidad de lo que le sucede, y esto por un exceso, en el terapeuta, de indoctrinación de ideas o palabras ajenas, de un “ideal” gestáltico.

Es fácil en estas condiciones, contribuir al egotismo si el terapeuta no está atento a que esto no pase, siglos de modos de relación individualista apoyan este desliz. La propia oración gestáltica de Perls “Yo soy yo, tú eres tú, ” es un manifiesto egótico.

Desde una perspectiva de campo se propicia menos este aspecto, el terapeuta no pone el interés en lo que “debe” hacer el paciente, sino en lo que está ocurriendo entre ambos. Aquí el trabajo terapéutico se sustenta entre los dos, en la corresponsabilidad y la cocreación. El interés de la conversación se va dando espontáneamente, confiando en cómo se van a ir combinando los intereses de ambos intervinientes. No se pone obstáculo a la intencionalidad, nos dejamos llevar por el awareness, hay confianza en que los emergentes del campo van a ir surgiendo en el tiempo. La demanda sobre la emoción no es un “trabajo” para el paciente, es la invitación a sentir lo que también está sintiendo el terapeuta y, en todo caso, aclararlo, compartirlo, ponerlo explicito en la conversación, en definitiva, es un hecho más del encuentro.


[1] Sellés. A. Reflexiones y preguntas sobre la teoría de campo V conferencia escritores gestálticos en español.

[2] PHG II 1.6

[3] Pueden verse influencias de Lewin por ejemplo en Edward C. Tolman y su conductismo intencionista. Raymond H. Wheeler con su teoría organísmica, o sociólogos que la aplican como concepto de “campo social”.

[4] Otros autores que hay que citar en la constitución de las bases de nuestra teoría son W James y C. Stumpf sobre todo.

[5] James, W. La noción de conciencia (1905)

[6] Gurwitsch. A. El campo de la conciencia. Un análisis fenomenológico. Revista de Occidente. Alianza Editorial. Madrid 1979 (Théorie du champ de la conscience (1957) Translated: Field of Consciousness, Pittsburgh, Pa. : Dusquesne University Press (1964))

[7] Clavijo A. A Lo psicológico como un evento. Univ. Psychol. [[online]. 2007, vol 6, n.3 [cited 2021-12-14]. pp 699-711. Available from <LO PSICOLÓGICO COMO UN EVENTO (scielo.org.co)>